En el último día de su Viaje Apostólico a España, en la isla de Tenerife, frontera atlántica entre una Europa pujante y una África depauperada, donde coinciden, mas no se encuentran, la vivacidad alegre de los vacacionistas y el dolor -a veces
“La Sagrada Familia es la iglesia más alta del mundo, no para destacar en clasificaciones mundanas, sino para guiar los pasos del pueblo de Dios que peregrina en España, con la cruz que ilumina el camino, como una lámpara encendida en la