«Pacem in terris», «¡Nunca más la guerra!», la «guerra mundial a pedazo» que debe afrontarse con inteligencia y voluntad para resolver las divisiones «como seres humanos y no como bestias, quizás dotadas de armas hipertecnológicas». Estas son expresiones pronunciadas, respectivamente, por san Juan XXIII, san Pablo VI, Francisco y León XIV, acompañadas de gestos de igual trascendencia: la carta enviada por Juan Pablo I al presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, en apoyo de las negociaciones de paz de Camp David entre Israel y Egipto en 1978; la histórica convocatoria de la Jornada de Oración por la Paz de Asís, el 27 de octubre de 1986, que reunió por primera vez a los líderes de todas las grandes religiones del mundo, promovida por san Juan Pablo II y retomada por Benedicto XVI veinticinco años después.
Se trata de un auténtico «relevo» que pone de manifiesto cómo todos los pontificados posteriores al Concilio Vaticano II han aportado una pieza al «mosaico» de la comunión internacional, por la que hoy, más que nunca, es necesario perseverar promoviendo una «Pascua de paz». Así lo destacó el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin, retomando el título del nuevo libro de Antonio Preziosi, periodista y director del Tg2, durante la presentación de la obra, el 22 de julio, en el Palacio Borromeo, sede de la Embajada de Italia ante la Santa Sede.
La unidad de la familia humana precede a los pueblos
Pascua de paz. De Juan XXIII a León XIV hacia el Jubileo de 2033 es el título completo de la publicación de Ediciones San Pabloo, cuya presentación contó también con la participación del vicepresidente del Consejo de Ministros y ministro italiano de Asuntos Exteriores y Cooperación Internacional, Antonio Tajani. Parolin inició su intervención con una serie de citaciones históricas de los pontífices mencionados en el libro, partiendo del actual, es decir, León XIV pronunciadas ante los cardenales durante la misa de apertura del consistorio, el 26 de junio de 2026:
«La guerra nunca es digna del hombre, y nunca será bendecida por Dios, porque el Creador nos ha dotado de inteligencia y voluntad para resolver los conflictos como seres humanos y no como animales, aun cuando se esté dotados de armas hipertecnológicas. La unidad de la familia humana precede a los pueblos y naciones individuales».
Un grito contra el mal y un susurro a favor de la paz
La obra de Preziosi constituye, al mismo tiempo, «un humilde ejercicio de escucha del magisterio» y un texto de gran actualidad en un momento histórico en el que, como afirmó León XIV ante el Cuerpo Diplomático acreditado ante la Santa Sede el pasado 9 de enero, «preocupa especialmente, en el plano internacional, la debilidad del multilateralismo». De ahí la necesidad de una «Pascua de paz» que, como recordó también Robert Francis Prevost en su Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz al inicio de este año, tiene una dimensión eterna, porque «mientras al mal se le grita “¡basta!”, a la paz se le susurra “para siempre”».
Nicea y el Jubileo: pasos del ecumenismo
Desde el Concilio de Nicea del año 325 —que ha cobrado nueva actualidad tras el viaje del Papa a Turquía con motivo de su 1700.º aniversario— hasta las perspectivas del próximo Jubileo Extraordinario de 2033, Parolin destacó el trabajo de Preziosi al profundizar en «el camino paciente y complejo del ecumenismo» como clave para “contrastar lo que impide el diálogo” y permitir trabajar para que la “diplomacia pueda ser orientada a la resolución de los numerosos frentes de guerra abiertos en el mundo”.
De la «Pacem in terris» al «nunca más la guerra»
Al pasar luego al análisis de los pontificados posconciliares, el cardenal recordó cómo la encíclica Pacem in terris de 1963, «piedra angular» para todo hombre y mujer de buena voluntad y «testamento espiritual» de san Juan XXIII, rediseña el concepto mismo de armonía, a la luz de la razón y no de la «fuerza de las armas». Otra invocación memorable fue la ya citada de san Pablo VI, pronunciada en el Palacio de Cristal de las Naciones Unidas en Nueva York el 4 de octubre de 1965: «¡Nunca más la guerra!». Una exhortación refrendada por el abrazo con el patriarca ortodoxo Atenágoras en Jerusalén el 5 de enero de 1964, y tan urgente que se prolongó también durante el breve pontificado de Juan Pablo I, quien confirmó el compromiso de la Iglesia con el ecumenismo, el diálogo entre las religiones y la paz en el mundo.
Palabras y gestos de unidad
El secretario de Estado se detuvo a continuación en el vasto legado que dejó san Juan Pablo II, entre el que, además de la Jornada de Oración por la Paz, se incluye la encíclica Ut unum sint, de mayo de 1995, un llamamiento apremiante a las comunidades cristianas «a abandonar las divisiones para buscar y recuperar la unidad, impulsadas también por las mismas amargas experiencias de la división». Sin olvidar el impacto de gestos como el de haber sido el primer Papa en entrar en la sinagoga de Roma, el 13 de abril de 1986, y en la mezquita de los Omeyas en Damasco, el 6 de mayo de 2001. Como muestra más concreta del ya mencionado «relevo», Parolin destaca cómo Benedicto XVI amplió, el 27 de octubre de 2011, el histórico encuentro por la paz impulsado por su predecesor, incluyendo a representantes del mundo de la cultura y a personas no creyentes. Sin embargo, también Joseph Ratzinger realizó gestos de gran importancia: la oración en la Mezquita Azul de Estambul el 30 de noviembre de 2006 (visitada también el pasado 29 de noviembre por León XIV) y el esfuerzo por promover el diálogo con el islam mediante la creación de un Foro Católico-Musulmán.
El relevo entre Francisco y León XIV
Con el Papa Francisco se llega a tiempos más recientes y a la imagen de la «guerra mundial a pedazos», expresión con la que denunció la multiplicación de conflictos y que lo impulsó a un compromiso constante en favor del diálogo entre las religiones y la construcción de la paz, plasmado especialmente en la encíclica Fratelli tutti, donde «condena firmemente toda forma de violencia en nombre de la religión».
Desde el Pontífice argentino hasta su sucesor estadounidense, que ha hecho «de la paz y el diálogo las palabras clave de su pontificado» desde su primera invocación, aquella dirigida a una «paz desarmada y desarmante». Un compromiso común de toda la Iglesia y confirmado por León XIV «en todos sus discursos, documentos y viajes», señalando también con el dedo las «guerras olvidadas» por los medios de comunicación durante su viaje a África el pasado mes de abril. Y precisamente a los periodistas, recuerda de nuevo Parolin, tal y como ocurrió con motivo de la audiencia concedida a los miembros de la redacción del Tg2 el 16 de marzo, el Pontífice recordó la necesidad de narrar las guerras desde la perspectiva de las víctimas y de todos aquellos que sufren a causa de ellas.
El «sueño» para el Jubileo de 2033
Una vez concluida esta visión general, el cardenal se detiene en la «coincidencia providencial» que ofrece el punto de partida para «reflexionar sobre la necesidad de trabajar para superar todas las dificultades históricas que han complicado el proceso de acercamiento ecuménico entre las religiones cristianas»: la celebración simultánea, el 20 de abril de 2005, de la Pascua. Como escribe Preziosi, no se trata de un simple «tecnicismo», sino de un impulso en búsqueda de la «superación de divisiones históricas remotas», que ve en el Jubileo de 2033 una meta en la que hacer realidad el «sueño» de la celebración conjunta de la Resurrección en su bimilenario.
Sanación donde hay heridas
Un horizonte que Parolin acompaña con la misma esperanza, subrayándolo aún más a través de las palabras dirigidas por León XIV a los participantes en la semana ecuménica de Estocolmo el 22 de agosto del año pasado: «Los seguidores de Cristo están llamados a convertirse en artífices de la reconciliación: a afrontar la división con valentía, la indiferencia con compasión, y a llevar la sanación donde ha habido heridas». «A menudo», concluyó el secretario de Estado, «me preguntan si la paz es posible»: la respuesta, en lo que respecta a la diplomacia, es afirmativa y reside tanto en el compromiso humanitario como en la superación de los conflictos: «Entonces se podrá construir la paz».
Tajani y la visita del Papa a Vallepietra
Durante su intervención, el viceprimer ministro Tajani recordó la visita ayer de León XIV al santuario de la Santísima Trinidad de Vallepietra: «En esa pequeña iglesia hay un fresco que representa a la Santísima Trinidad de una manera no ortodoxa para la Iglesia cristiana. Pues bien, el Papa ha acudido allí; también esto es un gesto de paz». Y es precisamente por la comunión entre los pueblos por lo que, según el ministro, todo cristiano debe trabajar, ya que esta «depende de la libertad del hombre, como nos ha recordado San Agustín». «Con demasiada frecuencia», añadió a continuación, «se mata en nombre de Dios, pero quien dispara en nombre de Dios dispara a Dios».
FUENTE: VATICAN NEWS