El clero arquidiocesano se congregó el sábado 29 de agosto en la Catedral Metropolitana San Pedro Apóstol para participar en la Eucaristía de Santificación del Clero. La Santa Misa fue oficiada a las 10:00 a.m. por nuestro arzobispo Miguel Lenihan ante la mayoría de nuestro presbiterio.
La eucaristía fue concelebrada por el vicario general, padre Josué Dany Hernández, el vicario de pastoral, padre Adonis Sáenz, y los sacerdotes decanos de cada zona: San Pablo, padre Luis Estevez; zona Medalla, Delio Aceituno; y zona San Pablo VI, padre Glenis Mejía.
En su homilía, monseñor Miguel expresó: “La Jornada de Santificación del clero se celebra el 4 de agosto, pero por motivos ajenos no se pudo realizar en esa fecha, pero no hemos querido dejar pasar esta jornada y decidimos hacerla este día haciendo memoria de uno de los grandes pastores, San Juan María Vianney, mejor conocido como Santo Cura de Ars.”
Él no fue un teólogo famoso, no fue un predicador formidable ni un santo de grandes milagros; fue un pastor humilde en un pueblecito en Francia cuya santidad extraordinaria logró transformar muchas vidas. Muchos esperaban durante varios días para encontrarse con él en el confesionario, porque en él no solamente encontraron un sacerdote, sino la misericordia de Jesús. San Juan María Vianney nos recuerda que el corazón de cada parroquia y el corazón de cada cristiano se encuentran en dos dones: el don de la Eucaristía y el don del sacramento de la reconciliación; uno nos nutre con el mismo Jesús y el otro nos sana cuando nos sentimos heridos por el pecado”.
Monseñor Miguel recordó una frase muy importante de San Juan María Vianney: “El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús. Su alegría más grande fue celebrar la eucaristía. Él decía que, si entendiéramos realmente la misa, moriríamos de alegría. Para él, como para nosotros, en cada misa Cristo está realmente presente. San Juan pasaba horas frente al Santísimo porque sabía que el tesoro más valioso está escondido dentro.”
Nuestro arzobispo explicó que la vida de san Juan María Vianney fue una vida de mucha sencillez. “Él animaba a la gente a alcanzar la santidad. Cada cristiano está llamado a la santidad hoy, no mañana, no después de jubilarse, no cuando la vida es fácil, y, por esa razón, como clero diocesano, antes de terminar el mes, nos reunimos para santificarnos. San Juan María Vianney hoy nos enseña que la santidad es posible para cada cristiano; nos enseña que la oración transforma individuos y transforma parroquias. Un sacerdote santo puede cambiar una comunidad, puede cambiar una parroquia entera. Que nuestros corazones estén encendidos con el amor de Jesús. Por la gracia sanadora de su misericordia. San Juan María Vianney, patrono de los sacerdotes, ruega por nosotros”.
Después de la homilía, el clero arquidiocesano realizó una oración y renovaron sus votos sacerdotales. Al concluir la misa, compartieron en hermandad.



