Este domingo 12 de abril, Segundo Domingo de Pascua, como Iglesia celebramos el Domingo de la Divina Misericordia, instituido por el papa San Juan Pablo II el 30 de abril del año 2000, esta devoción nos enseña a ser misericordiosos.
Nuestro arzobispo Miguel Lenihan, en su programa “Apacienta mis Ovejas”, que se transmitió por Radio Luz el viernes 10 de abril a las 7:00 a.m. y que se realizó a través de la plataforma de zoom, recordó que Cristo vino para enseñarnos el rostro misericordioso del Padre.
“A través del evangelio Cristo nos enseña la misericordia, desde la Cruz Cristo dice: Padre perdónales”, él fue capaz de personarlos y tener misericordia, también al buen ladrón desde la cruz le dijo “Hoy estarás conmigo en el paraíso”; fue misericordioso con la mujer adúltera, Cristo dijo: “Nadie te ha condenado, yo tampoco te condeno” restauró su vida y su dignidad” recordó el arzobispo.
Monseñor Miguel señaló que hace algunos años la Iglesia fue convocada al año de la Misericordia, además recordó que al final del Sínodo, el Papa Francisco dijo que quería una Iglesia Misericordiosa y Misionera.
“Este domingo que celebramos el Domingo de la Divina Misericordia y que recordamos a la hermana Faustina y sus revelaciones pensemos en Dios, acerquemos al trono de la misericordia, en la Iglesia Dios ofrece la Misericordia a través del sacramento de la reconciliación.
“Vivamos cada día la misericordia como buenos cristianos”.
La devoción a la Divina Misericordia
La devoción a la Divina Misericordia se ha extendido ampliamente en la Iglesia especialmente después de que el Papa Juan Pablo II canonizara a Santa Faustina Kowalska, surgió a partir de las revelaciones recibidas por Santa Faustina (1905-1938), una religiosa polaca de la Congregación de las Hermanas de Nuestra Señora de la Misericordia. Jesucristo se le manifestó pidiéndole transmitir al mundo la inmensidad de su misericordia.
Durante esta festividad, los fieles participan en oraciones especiales, como la Coronilla de la Divina Misericordia y reflexionan sobre el mensaje de la misericordia y el perdón divino. En esta fiesta se conmemora la misericordia infinita de Dios hacia la humanidad.
¿Qué son las obras de misericordia?
Las obras de misericordia son acciones caritativas mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales.
El ejercicio de las obras de misericordia comunica gracias a quien las ejerce. En el evangelio de Lucas Jesús dice: “Dad, y se os dará”. Por tanto, con las obras de misericordia hacemos la Voluntad de Dios. Por otro lado, las buenas obras son también una manera de ir borrando la pena que queda en el alma por nuestros pecados ya perdonados.
Las obras buenas son, por supuesto, las Obras de Misericordia. “Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos alcanzarán misericordia” (Mt.5, 7), es una de las Bienaventuranzas.
Además, las Obras de Misericordia nos van ayudando a avanzar en el camino al cielo, porque nos van haciendo parecidos a Jesús, nuestro modelo, que nos enseñó cómo debe ser nuestra actitud hacia los demás.
La Iglesia católica nos propone 14 obras de misericordia, son siete obras corporales y siete espirituales.
Obras de misericordia corporales:
1.- Dar de comer al hambriento y 2.- dar de beber al sediento
Estas dos primeras se complementan y se refieren a la ayuda que debemos procurar en alimento y otros bienes a los más necesitados, a aquellos que no tienen lo indispensable para poder comer cada día.
San Juan Bautista, según recoge el evangelio de san Lucas, recomienda: «El que tenga dos túnicas que las reparta con el que no tiene; el que tenga para comer que haga lo mismo» (Lc 3, 11).
3.- Dar posada al peregrino
En la antigüedad el dar posada a los viajeros era un asunto de vida o muerte, por lo complicado y arriesgado de las travesías. No es el caso hoy en día. Pero, aun así, podría tocarnos recibir a alguien en nuestra casa, no por pura hospitalidad de amistad o familia, sino por alguna verdadera necesidad.
4.- Vestir al desnudo
Esta obra de misericordia se dirige a paliar otra necesidad básica: el vestido. muchas veces, se nos facilita con las recogidas de ropa que se hacen en parroquias y otros centros. A la hora de entregar nuestra ropa es bueno pensar que podemos dar de lo que nos sobra o ya no nos sirve, pero también podemos dar de lo que aún es útil.
En la carta de Santiago se nos anima a ser generosos: «Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, y alguno de vosotros les dice: “Id en paz, calentaos o hartaos”, pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve?» (St 2, 15-16).
5.- Visitar al enfermo
Se trata de una verdadera atención a los enfermos y ancianos, tanto en el aspecto físico, como hacerles compañía.
El mejor ejemplo de la Sagrada Escritura es el de la Parábola del Buen Samaritano, que curó al herido y, al no poder continuar ocupándose directamente, confió los cuidados que necesitaba a otro a quien le ofreció pagarle. (ver Lc 10, 30-37).
6) Visitar a los encarcelados
Consiste en visitar a los presos y prestarles no sólo ayuda material sino una asistencia espiritual que les sirva para mejorar como personas, enmendarse, aprender a desarrollar un trabajo que les pueda ser útil cuando terminen el tiempo asignado por la justicia, etc.
Significa también rescatar a los inocentes y secuestrados. En la antigüedad los cristianos pagaban para liberar esclavos o se cambiaban por prisioneros inocentes.
7) Enterrar a los difuntos
Cristo no tenía lugar sobre el que reposar. Un amigo, José de Arimatea, le cedió su tumba. Pero no sólo eso, sino que tuvo valor para presentarse ante Pilato y pedirle el cuerpo de Jesús. También participó Nicodemo, quien ayudó a sepultarlo. (Jn 19, 38-42)
Enterrar a los muertos parece un mandato superfluo, porque –de hecho- todos son enterrados. Pero, por ejemplo, en tiempo de guerra, puede ser un mandato muy exigente. ¿Por qué es importante dar digna sepultura al cuerpo humano? Porque el cuerpo humano ha sido alojamiento del Espíritu Santo. Somos “templos del Espíritu Santo” (1 Cor 6, 19).
Obras de misericordia espirituales son:
1.- Enseñar al que no sabe
Consiste en enseñar al ignorante en cualquier materia: también sobre temas religiosos. Esta enseñanza puede ser a través de escritos o de palabra, por cualquier medio de comunicación o directamente.
Como dice el libro de Daniel, “los que enseñan la justicia a la multitud, brillarán como las estrellas a perpetua eternidad” (Dan 12, 3b).
2.- Dar buen consejo al que lo necesita
Uno de los dones del espíritu Santo es el don de consejo. Por ello, quien pretenda dar un buen consejo debe, primeramente, estar en sintonía con Dios, ya que no se trata de dar opiniones personales, sino de aconsejar bien al necesitado de guía.
3.- Corregir al que se equivoca
Esta obra de misericordia se refiere sobre todo al pecado. De hecho, otra manera de formular esta obra es: Corregir al pecador.
La corrección fraterna es explicada por el mismo Jesús en el evangelio de Mateo: “Si tu hermano peca, vete a hablar con él a solas para reprochárselo. Si te escucha, has ganado a tu hermano”. (Mt 18, 15-17)
Debemos corregir a nuestro prójimo con mansedumbre y humildad. Podemos acordarnos de lo que dice el apóstol Santiago al final de su carta: “el que endereza a un pecador de su mal camino, salvará su alma de la muerte y consigue el perdón de muchos pecados” (St 5, 20).
4.- Perdonar las injurias
En el Padrenuestro decimos: “Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden” y el mismo Señor aclara: “si perdonáis las ofensas de los hombres, también el Padre Celestial os perdonará. En cambio, si no perdonáis las ofensas de los hombres, tampoco el Padre os perdonará a vosotros” (Mt 6, 14-15).
Perdonar las ofensas significa superar la venganza y el resentimiento. Significa tratar amablemente a quien nos ha ofendido.
5.- Consolar al triste
El consuelo para el triste, para el que sufre alguna dificultad, es otra obra de misericordia espiritual.
Muchas veces, se complementará con dar un buen consejo, que ayude a superar esta situación de dolor o tristeza. Acompañar a nuestros hermanos en todos los momentos, pero sobre todo en los más difíciles, es poner en práctica el comportamiento de Jesús que se compadecía del dolor ajeno.
6.- Sufrir con paciencia los defectos de los demás
La paciencia ante los defectos ajenos es virtud y es una obra de misericordia. Sin embargo, hay un consejo muy útil: cuando el soportar esos defectos causa más daño que bien, con mucha caridad y suavidad, debe hacerse la advertencia.
7.- Orar por vivos y difuntos
San Pablo recomienda orar por todos, sin distinción, también por gobernantes y personas de responsabilidad, pues “Él quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. (ver 1 Tim 2, 2-3).
Los difuntos que están en el Purgatorio dependen de nuestras oraciones. Es una buena obra rezar por éstos para que sean libres de sus pecados. (ver 2 Mac 12, 46).
FUENTE: https://opusdei.org/es/article/obras-de-misericordia-jubileo/