Rodeado del cariño de los fieles de la parroquia Buen Pastor, el padre Fernando Ibáñez ofició el 19 de marzo una eucaristía para celebrar su 62 aniversario de ordenación sacerdotal; concelebraron el párroco, Gustavo Adolfo Fuentes, y el vicario, padre Noé Hernández.
En su homilía, el padre Fernando expresó: “Nos reunimos para dar gracias al Señor por muchos años de caminar como presbítero de la Iglesia, por muchos años también de servir en esta comunidad; damos gracias al Señor y pedimos que siga acompañando nuestro camino; lo hacemos por intercesión de San José. En la traducción habitual decíamos que San José era un hombre justo; a mí me gusta decir mejor que era un hombre bueno. La expresión justo traduce, expresa, en toda la traducción de la Biblia, al que hace la voluntad de Dios, al que se ajusta al querer de Dios; no es una referencia a la justicia social o de ser justo con el trato de otras personas, sino al conjunto de esas actitudes ante Dios, que busca hacer su voluntad. José es un hombre justo, bueno, y damos gracias a Dios por la bondad”.
“Yo doy gracias a Dios hoy especialmente porque a lo largo de 62 años he encontrado mucha gente buena y especialmente en estos 25 últimos años de jampedrano. Me alegro con ustedes poder dar gracias hoy. En San José, que es hombre bueno, es un soñador; San Mateo, que le gusta siempre hacer alusión al Antiguo Testamento, aprovecha también toda esta figura de José, e insiste en cómo en sueños coge la palabra del Señor y recibe sus mandatos. Doy gracias al Señor porque he soñado el sueño de que se haga su voluntad, el sueño de poder caminar el proyecto de Dios, y es un sueño posible, no por nuestros méritos, posible por la gracia, la gratuidad del cariño de Dios. Damos gracias juntos por esa fidelidad de Dios, en su amor, su cercanía, en su acompañamiento a lo largo de estos años, en medio de mis errores, de mis fallos, de las veces que me he quedado dormido. Damos gracias a Dios porque podemos seguir juntos soñando”, concluyó el padre Fernando.


El padre Gustavo Fuentes agradeció el regalo que Dios le ha dado como parroquia y como Iglesia arquidiocesana de tener al padre Fernando, quien llegó hace 25 años. “Hablar del padre Fernando, para mí y creo que, para todos ustedes, es signo de fidelidad, entrega, servicio, amor y sobre todo de unidad, que nos ha evangelizado; dejó su tierra para venir y adentrarse en nuestra tierra para servir en nuestra diócesis”.
Al final de la misa hubo un ameno compartir.
