Por monseñor Miguel Lenihan
Llegamos a una hermosa fiesta del tiempo de Navidad: La epifanía del Señor. Una fiesta preciosa que nos encandilaba de niños y que ahora en este nuevo año nos sale de nuevo al encuentro en las condiciones, distintas todos los años, de nuestras familias y de nuestra sociedad.
En los Magos (Mt 2, 1-12) reconocemos las primicias de nuestra vocación y de nuestra fe. Con el alma estallando de alegría estamos viviendo el principio de nuestra dichosa esperanza; porque ahora, con los Magos, hemos comenzado a entrar en posesión de nuestra heredad. Los Magos son los pioneros de la fe para nosotros, que procedemos de los pueblos gentiles. Ellos no se detienen en el camino. Vencen todos los obstáculos. Perseveran hasta el fin.
También nosotros los hondureños debemos seguir caminando. Los magos peregrinos nos dan ejemplo de perseverancia y fe. Asistimos, guiados por la estrella, al encuentro del Salvador de los hombres, el verdadero lucero de la mañana. Esa luz es la que nos invita a buscar un encuentro cercano con el Señor Jesús.
El pasaje puede ser dividido en dos partes principales, determinadas por el lugar en el que se desenvuelven las escenas: la primera parte (2, 1-9a) sucede en Jerusalén, mientras la segunda tiene como punto focal Belén (2, 9b-12). El pasaje se abre con las indicaciones precisas del lugar y del tiempo del nacimiento de Cristo: en Belén de Judea, al tiempo del rey Herodes. Dentro de esta realidad bien especificada, acompañamos enseguida a los Magos, viniendo de lejos, llegan a Jerusalén bajo la guía de una estrella: son ellos los que anuncian el nacimiento del Rey Señor. Preguntan dónde poder encontrarlo, porque quieren adorarlo. A las palabras de los Magos, el rey Herodes, y con él toda Jerusalén, se turban y tienen miedo; en vez de acoger al Señor y aceptarlo, buscan el modo de eliminarlo. También nosotros nos movemos muchas veces en medio de esas dos situaciones, Belén/Jerusalén, fe/miedo, alegría/odio, acogida/rechazo.
Los Magos, guiados por la estrella, parten y se dirigen hacia Belén. Reaparece la estrella, que camina junto a ellos y los conduce hasta el lugar preciso de la presencia del Señor. Llenos de gozo, entran en la casa y se postran en adoración; ofrecen al Niño dones preciosos, porque reconocen en él al Rey y Señor. Luego, habiendo contemplado y adorado al Señor, los Magos reciben de Dios mismo la revelación; es Él mismo quien les habla. Son hombres nuevos; tienen consigo un nuevo cielo y una tierra nueva. Están libres de los engaños de los Herodes del mundo y por eso regresan a la vida por un camino totalmente nuevo. Cambian de dirección.
El camino de los Magos es camino de esperanza. En el año de la Santa misión hemos de ponernos en camino hasta el encuentro definitivo con el Señor y con los hermanos, sobre todos los más frágiles. Es tiempo de una Honduras unida, no de división. Que en este año 2026 podamos adorar al Señor Jesús en Espíritu y en verdad, meditando y experimentando en su infinita misericordia.
Un feliz año para todos