El desarrollo urbano no puede evaluarse únicamente considerando sus edificios o su economía; debe tener en cuenta las oportunidades que cada persona tiene para realizarse en sociedad y contribuir al bien común. Cuanto más capaz sea una ciudad de abordar las múltiples formas de pobreza, las desigualdades persistentes y la degradación ambiental, más sostenible será. Así lo destacó Monseñor Robert Murphy, Consejero de la Misión Permanente de Observación de la Santa Sede ante las Naciones Unidas, en una declaración pronunciada ayer, 28 de julio, en Nueva York, durante la Reunión de Alto Nivel de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 2026 sobre la Nueva Agenda Urbana, en el décimo aniversario de su adopción.
Este es un aniversario importante, subrayó el diplomático vaticano, que «ofrece la oportunidad de reafirmar el compromiso con el desarrollo de las áreas urbanas al servicio de la persona», porque «toda ciudad es, en última instancia, una comunidad de individuos», cada uno con su propia dignidad, que es «un don de Dios» y «debe ser respetada, protegida y promovida».
Garantizar un hogar para todos
Como escribió León XIV en su encíclica Magnifica Humanitas , recuerda el arzobispo Murphy, «una sociedad justa requiere un Estado y unas instituciones civiles presentes capaces de trascender la mera lógica de la eficiencia, dirigiendo explícitamente los recursos, la creatividad y las normas en beneficio de los más vulnerables». Por lo tanto, «si las ciudades y los espacios urbanos no apoyan a quienes viven en la pobreza y a las personas sin hogar, no estarán a la altura de la visión plasmada en la Nueva Agenda Urbana». En consecuencia, entre los muchos retos vinculados al desarrollo urbano, garantizar que todos tengan un hogar es una prioridad.
«La falta de vivienda representa, sin duda, una grave violación de la dignidad humana», señala el asesor de la Misión Permanente de Observación de la Santa Sede ante la ONU, añadiendo que la falta de vivienda implica «la privación de seguridad, estabilidad, privacidad y sentido de pertenencia», y que «la falta de vivienda socava la capacidad de ejercer muchos derechos humanos fundamentales y, a menudo, atrapa a individuos y familias en círculos viciosos de exclusión y pobreza».
Se necesitan inversiones en viviendas accesibles y adecuadas
Para Monseñor Murphy, el “problema de la falta de vivienda” debe interpelar “la conciencia de la comunidad internacional”, porque todos deben “poder construir relaciones, cultivar la vida familiar y participar plenamente en su comunidad”. Por esta razón, un hogar, una vivienda, no debe considerarse “simplemente una mercancía o un activo financiero, sino una piedra angular de la sociedad al servicio del bien común”.
De ahí el llamamiento de la Santa Sede a “una mayor inversión en viviendas accesibles y adecuadas, así como en servicios sociales integrados” y a una “planificación urbana” que aborde “las causas profundas de la falta de vivienda, como la pobreza, el desempleo, la drogadicción, los problemas de salud mental, la desintegración familiar, el desplazamiento y el conflicto”, con la participación de “las comunidades locales, la sociedad civil, las organizaciones religiosas” y las propias personas afectadas.
Ayudar a los países menos desarrollados
Necesitamos «políticas de vivienda que fomenten un enfoque integral de la vivienda local» y aborden «los estrechos vínculos entre educación, empleo, vivienda y salud», subraya el diplomático vaticano, quien considera necesaria una «solidaridad internacional renovada» para implementar la Nueva Agenda Urbana. Dado que «muchos países en desarrollo», especialmente, los países sin litoral e insulares, tienen «déficits financieros» y una capacidad limitada para gestionar la «rápida urbanización», deben recibir apoyo «mediante una mayor cooperación internacional, transferencia de tecnología, desarrollo de capacidades y financiación adecuada» si queremos «construir ciudades inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles para todos».
Como subraya León XIV, de nuevo en Magnifica humanitas , «el desarrollo es humano cuando pone a las personas en el centro». Por lo tanto, concluye monseñor Murphy, este «principio debería guiar la implementación de la Nueva Agenda Urbana en la próxima década», para que la «solidaridad», la «inclusión» y la «atención a los más necesitados» conviertan a las ciudades en «lugares de encuentro, fraternidad y esperanza».
FUENTE: VATICAN NEWS