Este 26 de abril, en el IV domingo de Pascua, llamado “domingo del Buen Pastor”, celebramos la LXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. El Santo Padre León XIV en su mensaje “El descubrimiento interior del don de Dios” nos comparte algunas reflexiones sobre la dimensión interior de la vocación entendida como descubrimiento del don gratuito de Dios.
La Iglesia en el mundo entero y por supuesto nuestra Iglesia hondureña y arquidiocesana han tenido una semana cargada de actividades para trabajar y fomentar con mayor intensidad las vocaciones sacerdotales.
El padre Osman Martínez Carvajal, responsable de la pastoral vocacional de nuestra Arquidiócesis de San Pedro Sula dijo que han estado trabajando en diferentes actividades para orar y animar las vocaciones, “Invitamos a todos los fieles católicos a ser generosos en la colecta del Buen Pastor que se realizará este domingo, en todas las parroquias se han distribuido sobres para que usted pueda colaborar en familia y apoyar a las vocaciones sacerdotales, también puede hacerlo a través de las cuentas de banco que ha dispuesto nuestra Arquidiócesis.”
Testimonios de Seminaristas de nuestra Arquidiócesis de San Pedro Sula
Su boletín informativo el Buen Amigo comparte el testimonio de tres de nuestros seminaristas mayores de la Arquidiócesis de San Pedro Sula para que conozcamos su caminar vocacional.
1.–Aarón Isaac Benítez Jiménez actualmente estudia el II año de Filosofía. Su parroquia de origen es San Pedro Apóstol, Catedral.

B.A: ¿Como es el proceso de formación en el Seminario Mayor?
Aarón R/ El seminario Mayor, ofrece una formación de 8 años en total; siendo así, cuatro años de la licenciatura en Filosofía; a nivel formativo recibe el nombre de etapa discipular y cuatro años de la licenciatura en teología; conocida como la etapa configuradora.
B.A: ¿Cuáles son las áreas formativas que hay?
Aarón R/ Dimensión espiritual: El trato de amistad con Dios
Dimensión humano-comunitaria: La capacidad de ejercer y formar relaciones sanas; explorando al ser humano de forma integral desde su complejidad: psicología, antropología, etc.
Dimensión académica: La dimensión universitaria del proceso formativo, que busca formar el pensamiento, siendo capaces de responder a las necesidades actuales, desde la lógica y la razón, con un sistema científico-crítico.
Dimensión pastoral: Busca formar el corazón de pastores “según el corazón de Dios”; conociendo las realidades del pueblo de Dios.
B.A: ¿Cómo descubrió su vocación?
Aarón R/ El descubrimiento surge a través de la misericordia y gracia de Dios, quien nos invita a todos, a fijar la mirada en Él; ahondar en su misterio para estar con él y llevarlo a los demás, particularmente, a aquellos hijos que viven sin Él. Es un proceso de discernimiento profundo, nacido de la intimidad con Dios.
B.A: ¿Cómo se vive este proceso formativo a nivel personal? ¿Hay temores al entrar al seminario?
Aarón R/ ¡Claro que hay temores! Es un elemento inherente a la vida cristiana: No se entiende la gracia sin la crisis; la esperanza va acompañada de la cruz. Esos temores funcionan en virtud de trabajar aquello que tenga que ser trabajado, aceptando las observaciones que se hacen en el proceso; el miedo y las dudas, no son malas; sencillamente, son el principio de un conocimiento superior.
B.A: ¿Qué consejo daría a los jóvenes que sienten el llamado vocacional?
Aarón R/ Un consejo valioso es el dejarse envolver por la voz de aquel que llama, llamada que viene del amor profundo de Dios; todo hombre católico, está llamado a preguntarse por la búsqueda y sentido de Dios; esta primera pregunta, podría ser el inicio de un viaje, cuya terminación está en la mente eterna de Dios.
2.- Carlos Josué Barahona Ulloa, estudiante del año propedéutico (primer año de formación). Su parroquia de origen es Nuestra Señora de la Visitación.

B.A: ¿Cómo es el proceso de formación en el Seminario Mayor?
Carlos R/ El proceso en el Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa lleva varias dimensiones o etapas en las cuales se desarrolla en los 9 años de formación: un año en la etapa propedéutica o año introductorio; tres años en la etapa discipular, en las cuales se cursa los estudios de Filosofía; cuatro años de la etapa configuradora, en las cuales se cursa los estudios de Teología y se afianza nuestra voluntad y nuestro sí al Señor para servirle como futuro candidato a sacerdote; y por último la etapa de síntesis pastoral, donde durante un año en una parroquia asignada pone en práctica lo aprendido en el Seminario Mayor y en vista a futuro aspirar a las ordenes sagradas.
B.A: ¿Cuáles son las áreas formativas que hay?
Carlos R/ Durante nuestro camino de formación tenemos muchas dimensiones de área formativa, en las cuales abarcan la formación académica, formación espiritual, formación pastoral, formación humana y comunitaria, y el acompañamiento psicológico. Y todas ellas nos ayudan para nuestra misión y poder configurarnos en el modelo humano perfecto, que es Jesucristo. Se aprende a vivir en comunidad con los demás hermanos seminaristas, y en fidelidad y obediencia también con nuestros sacerdotes formadores.
B.A: ¿Cómo descubrió su vocación?
Carlos R/ Mi vocación la descubro a partir de un viaje como migrante hacia los EE.UU., el motivo era encontrarme con mi papá y mi hermano, construir proyectos personales y ayudar a mi familia. Aunque en el año 2020 había percibido la llamada de Dios, comencé el proceso de discernimiento vocacional, pero tuve que interrumpirlo por dificultades personales y la situación del Covid-19. Pasaron 5 años, me dediqué a trabajar en las fincas de café de mi familia y también en una empresa farmacéutica donde pude aplicar mis habilidades profesionales y que luego decidí salir del país para encontrarme con mi papá y mi hermano después de 13 años de no verlos, luego de 2 intentos no logré llegar al destino y decidí quedarme en el país. Después de un tiempo de discernimiento sobre los acontecimientos vividos en mi tránsito migratorio, pude reconocer las obras y signos que Dios había realizado para conmigo.
Concretamente descubro mi vocación a través de mi párroco Natael Perdomo, él se contactó con la pastoral vocacional para que yo comenzara el proceso de discernir, el llamado de Dios, con el acompañamiento del padre Osman Carvajal y el ahora Diácono Eduardo Carranza quienes me orientaron bien en ese proceso para dar esa respuesta libre y generosa a Dios y a la Iglesia. Con todo este proceso llegué a comprender que todo puede ser entendido como un misterio cuando nos atrevemos a mirarlos con los ojos de Dios. Quizás la pandemia haya cambiado los planes, pero puedo estar seguro que no se ha alterado en nada los planes del Señor para mi vida.
B.A: ¿Cómo se vive este proceso formativo a nivel personal ¿hay temores al entrar al seminario?
Carlos R/ El proceso que llevo a cabo lo vivo con mucha alegría y gratitud con el Señor que se ha manifestado grande conmigo, pues cada día me voy identificando con Cristo en el camino de la vocación, alimentándome con la Santa Eucaristía, la oración personal y en la lectura orante con la Palabra de Dios, el acompañamiento espiritual y psicológico. Y ciertamente la vocación no solo se vive de gozo. Percibir el llamado de Dios siempre genera al inicio una gran turbación. Existen muchos temores, invaden dudas, y muchas sensaciones contradictorias: alegría e inquietud, valentía y temor, un desacomodo y mirar atrás de las personas y cosas que dejo por seguir al Señor. Pero, más allá de eso experimento una seducción irresistible hacia el llamado de Dios.
B.A: ¿Qué consejo daría a los jóvenes que sienten el llamado vocacional?
Carlos R/ No tengan miedo de buscar sentido a su vida, muchas veces sentirán que no hallan razón a sus inquietudes, pero, los animo abonarse a la sinrazón de las cosas, pues Dios nos dará la razón a la sinrazón de las preguntas. Lleven todas sus impresiones, sentimientos y deseos ante la presencia de Dios por medio de la oración. Muchas veces seguramente van experimentar y surgirán preguntas claves en toda experiencia vocacional: ¿a quién sigo? ¿Qué busco al seguirle? ¿Qué quiere el Señor para mí? Y el Señor Jesús no espera una respuesta contaminada o fruto de sentimientos, sino una respuesta que sea consciente del señorío de Cristo en nuestra vida, pero también una respuesta libre y generosa.
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3.- Máximo Josué Chávez Torres, estudia el IV de Teología, 8vo. año de formación. Parroquia de origen San Pedro, Apóstol, Catedral.

B.A: ¿Cómo es el proceso de formación en el Seminario Mayor?
Máximo R/ El proceso de formación en el Seminario Mayor lo vivimos como un camino integral que busca preparar al futuro sacerdote no sólo en lo académico, sino también en lo humano, espiritual y pastoral, todo ello atravesado por la vivencia comunitaria.
El proceso inicia con una etapa propedéutica, que ayuda al seminarista a afianzar su vida de oración, su madurez personal y el discernimiento vocacional. Es también un tiempo para nivelarnos académicamente.
Luego siguen los años de Filosofía y Teología, conocidos también como las etapas Discipular y Configuradora, respectivamente. Es un tiempo para abrirnos a la experiencia de formar parte de la escuela de Jesús y, posteriormente, dedicar especial atención a la configuración con Cristo Sacerdote, es decir, llegar a ser “pastores según su corazón”.
Es un proceso exigente, pero profundamente enriquecedor, porque uno va descubriendo poco a poco si realmente Dios lo llama a esta vocación.
B.A: ¿Cuáles son las áreas formativas que hay?
Máximo R/ En el Seminario se trabaja principalmente en cuatro áreas formativas o, mejor dicho, dimensiones, término que permite integrar mejor la formación: la dimensión humana, la dimensión espiritual, la dimensión intelectual y la dimensión pastoral.
La dimensión humana ayuda a madurar la personalidad, aprender a convivir y crecer en virtudes como la responsabilidad y la sinceridad.
La dimensión espiritual fortalece la relación con Dios mediante la oración, los sacramentos y la dirección espiritual.
La dimensión intelectual se centra en el estudio de la filosofía y la teología, para comprender mejor la fe y poder anunciarla (cf. 1 Pe 3,15).
Finalmente, la dimensión pastoral prepara para el servicio al pueblo de Dios, especialmente en parroquias, misiones y acompañamiento de comunidades.
B.A: ¿Cómo descubrió su vocación?
Máximo R/ Mi vocación la fui descubriendo poco a poco, no fue algo de un solo momento.
Desde muy pequeño sentía una inquietud interior y un deseo profundo de servir a Dios y a la Iglesia. La participación en la parroquia, el testimonio de algunos sacerdotes y el acompañamiento espiritual me ayudaron mucho.
También hubo momentos de oración en los que sentía con mayor claridad que el Señor me llamaba. No fue un camino sin dudas, pero poco a poco fui comprendiendo que la verdadera felicidad estaba en responder con generosidad a esa llamada.
B.A: ¿Cómo se vive este proceso formativo a nivel personal? ¿Hay temores al entrar al Seminario?
Máximo R/ Yo diría que se vive desde la responsabilidad y el protagonismo que cada uno asume ante el llamado del Señor.
El gran formador es el Espíritu Santo; la Iglesia, a través de nuestros formadores, ofrece la mediación necesaria, y cada seminarista, con una actitud generosa, acoge ese don mediante un discernimiento serio y comprometido.
Sin duda, hay muchos temores. Entrar al Seminario implica dejar muchas seguridades, enfrentar dudas y abrirse completamente a la voluntad de Dios.
Uno siente miedo al cambio, a no ser capaz, a equivocarse o incluso a no perseverar. Pero también hay mucha paz cuando se confía en el Señor.
Personalmente, este proceso me ha ayudado a conocerme mejor, a madurar y a fortalecer mi fe. El Seminario no elimina los miedos de inmediato, pero sí enseña a caminar con ellos, poniendo la confianza en Dios (cf. 2Tim 1,12).
B.A: ¿Qué consejo daría a los jóvenes que sienten el llamado vocacional?
Máximo R/ Les diría que no tengan miedo de escuchar a Dios.
Su llamado puede llegar por muchos caminos: la comunidad parroquial, algún sacerdote, un agente de pastoral comprometido, un amigo, o incluso las circunstancias concretas de nuestra realidad histórica. Dios también habla allí.
Muchas veces el Señor llama en el silencio del corazón, pero el ruido del mundo dificulta escucharlo.
Por eso es importante orar, acercarse a los sacramentos, buscar acompañamiento espiritual y no tomar decisiones apresuradas. La vocación no se descubre solo pensando, sino caminando.
También les diría que no vean el sacerdocio como una renuncia triste, sino como una respuesta de amor. Cuando Dios llama, también da la gracia para responder (cf. 2Co 12,9).