FUENTE: VATICAN NEWS
«Dios no bendice ningún conflicto» y quien es «discípulo de Cristo» nunca está del lado de «quien ayer empuñaba la espada y hoy lanza bombas» . Palabras duras, las del Papa León XIV, tan duras como el panorama actual de un «mundo marcado por violencias absurdas e inhumanas», impulsadas por la «codicia» y el «odio». El Pontífice recibe esta mañana, 10 de abril, en el Vaticano, a los miembros del Sínodo de la Iglesia de Bagdad de los caldeos. Una Iglesia que hunde sus raíces en la primitiva y que es, por tanto, guardiana «de una fe transmitida a lo largo de los siglos con valentía y fidelidad». El motivo es la convocatoria de la asamblea en Roma (del 9 al 15 de abril) para la elección del nuevo patriarca, tras la renuncia del cardenal Louis Raphaël Sako, el pasado 10 de marzo, por haber alcanzado la edad límite. Una fase «delicada y compleja, a veces incluso controvertida», señala León XIV.
Sangre inocente derramada
En el rostro de estos pastores, el Papa ve reflejado el Oriente Medio con sus heridas, sus complejidades y dificultades. Y por eso confía a los «hermanos obispos» un mandato preciso: ser «signos de esperanza» en medio de las brutalidades que «se extienden con ferocidad precisamente en las tierras que vieron surgir la salvación, en los lugares sagrados del Oriente cristiano, profanados por la blasfemia de la guerra y la brutalidad de los negocios, sin consideración por la vida de las personas, considerada como mucho un efecto colateral de sus propios intereses» .
“Pero ningún interés puede valer más que la vida de los más débiles, de los niños, de las familias; ninguna causa puede justificar la sangre inocente derramada”
Pleno respeto a los cristianos
Con el mismo vigor, el Papa León pide el pleno respeto a los cristianos en las tierras de Oriente Medio para que «se sientan animados, a pesar de todas las pruebas, a permanecer firmes en la fe recibida de los Padres y a quedarse en sus territorios». «Esto —dice— es importante para toda la Iglesia, porque las regiones en las que surgió la luz de la fe —orientale lumen— no pueden prescindir de los creyentes en Jesús, de los cristianos, que están en Oriente Medio como las estrellas en el cielo».
“Que se disipen las nubes que oscurecen esta luz: ¡que los cristianos de todo Oriente Medio sean respetados, no solo de palabra, sino que disfruten de verdadera libertad religiosa y de plena ciudadanía, sin ser tratados como huéspedes o como ciudadanos de segunda clase!”
Infatigables artífices de la paz
«Estoy con vosotros», afirma de nuevo León XIV: «Que las pruebas que atravesáis os impulsen a ofrecer una respuesta iluminada por la fe y marcada por la comunión, también hacia los cristianos de otras confesiones», hermanos en la fe con los que «conviene establecer relaciones de auténtico intercambio». Así, añade, «seréis un gran ejemplo y un gran estímulo» también para el «querido y admirable pueblo» de Oriente Medio que «llevo en el corazón y por el que rezo».
“Vosotros, llamados a ser incansables artífices de la paz en nombre de Jesús, ayudadnos a proclamar claramente que Dios no bendice ningún conflicto; a gritar al mundo que quien es discípulo de Cristo, príncipe de la paz, nunca está del lado de quien ayer empuñaba la espada y hoy lanza bombas; a recordar que no serán las acciones militares las que creen espacios de libertad o tiempos de paz, sino solo la paciente promoción de la convivencia y del diálogo entre los pueblos.”
Es, pues, una gran misión la que corresponde a los obispos: «Anunciar a Cristo resucitado incluso en contextos de muerte, ser presencia viva de fe y caridad, mantener viva la esperanza allí donde parece apagarse». No hay que desanimarse: «El Señor camina con vosotros», anima León. Quien asegura el acompañamiento del Dicasterio para las Iglesias Orientales.
Transparencia, atención, responsabilidad, prudencia
El Pontífice dirige también palabras de gratitud al cardenal Sako por las «significativas aportaciones» y los «notables esfuerzos» que ha realizado. «Siento —añade— que este es el momento de la renovación espiritual, de una renovación fiel a vuestras preciosas y peculiares tradiciones, que deben ser custodias». La referencia es a la «riqueza» del patrimonio litúrgico y espiritual, de «suma importancia» —como ya afirmaba el Concilio— para la custodia de la «tradición cristiana íntegra».
Junto a esto, el Papa León dirige una exhortación «fraterna y paterna» a los miembros del Sínodo caldeo. En primer lugar, el de ser «atentos y transparentes en la administración de los bienes, sobrios, mesurados», así como «responsables en el uso de los medios de comunicación, prudentes en las declaraciones públicas, para que cada palabra y cada comportamiento contribuya a edificar —y no a herir— la comunión eclesial y el testimonio de la Iglesia».
“Tomen en serio la formación de los presbíteros, sus primeros colaboradores en el ministerio: apóyenlos con su cercanía, edificando con ellos y para ellos una fraternidad concreta y tangible”
El nuevo patriarca
Por último, el Papa traza el perfil del futuro nuevo patriarca que será elegido en los próximos días, con el fin de facilitar el discernimiento para la elección. En primer lugar, dice, el nuevo patriarca debe ser «un padre en la fe y un signo de comunión con todos y entre todos». «Que Su Beatitud sea un hombre de las Bienaventuranzas: no llamado a gestos extraordinarios ni a suscitar revuelo, sino a una santidad cotidiana, hecha de honestidad, misericordia y pureza de corazón»,afirma León XIV.
“Que sea un Pastor capaz de escuchar y acompañar, porque la autoridad en la Iglesia es siempre servicio y nunca hegemonía”
Una «guía auténtica y cercana al pueblo», no una «figura llamativa y distante», es, por tanto, quien deberá guiar a la Iglesia de Bagdad de los caldeos; un hombre «arraigado en la oración», «capaz de llevar el peso de las dificultades con realismo y esperanza», «maestro de pastoral que identifique caminos concretos para el bien del pueblo de Dios junto con los hermanos obispos», en un «espíritu de concordia» promoviendo la «unidad en la caridad».