Las distintas congregaciones de religiosas y religiosos de nuestra Arquidiócesis de San Pedro Sula se reunieron el 2 de febrero en la Catedral Metropolitana San Pedro Apóstol para celebrar el Día de la Vida Consagrada y renovar sus votos de obediencia, castidad y pobreza en la eucaristía que fue oficiada por el padre Gustavo Adolfo Fuentes a las 10:00 de la mañana.
El padre Gustavo inició esta celebración con la bendición de la luz en el atrio de la catedral manifestando: “caminando con esas velas encendidas hemos hecho el acto penitencial que nos limpia y nos purifica”.
En su homilía el padre Gustavo expresó su alegría al celebrar el día de la Vida Consagrada, día de la Presentación del Señor. “Monseñor Miguel no pudo acompañarles, pero les manda un saludo y agradecimiento por todo lo que ustedes realizan en la Arquidiócesis, cada uno en su vocación y en su trabajo pastoral”.
El presbítero añadió: “Queridas hermanas y hermanos, es importante que recordemos que la vida consagrada es Don y gracia de Dios para la Iglesia, constituyendo un estado de vida reconocido donde fieles se dedican totalmente a Dios mediante la profesión de los consejos evangélicos, pobreza, castidad y obediencia buscando imitar el estilo de la vida de Jesús, sirviendo y amando a los más necesitados, ofreciendo un testimonio de amor radical y servicio ya sea en la contemplación y en la misión. Ustedes vivan la fidelidad a Dios que les ha llamado para que sus vidas y en sus vidas encuentren la felicidad.”
La coordinadora de la Conferencia de Religiosa de Honduras (CONFEREH), de la Arquidiócesis de San Pedro Sula, Vanesa Sabillón en su mensaje expresó: “Agradecemos a Dios por la comunidades de Vida Consagrada en nuestra Honduras y es especial su misión en nuestra Arquidiócesis, son muchos los hombres y mujeres que ofrecen su vida al servicio de los más pobres y vulnerables, su labor silenciosa y fiel teje el evangelio en nuestra historia, actuando como faros de luz que nos invita a levantar la mirada hacia lo esencial y a redescubrir la belleza de vivir para Dios y para los demás”.
Al finalizar la misa todas las religiosas y religiosos participaron en un ameno convivio en la Cripta de la Catedral.





